Día de Andalucía: Nada que celebrar

Los andaluces no nos pasamos el día de tablao en tablao, ni tocando la guitarra, ni mucho menos disfrazados

“Han conseguido una Andalucía de señoritos sin cortijo pero manejando las manijas del poder”

Debería estar eligiendo la mejor de mis ropas. Es fiesta. Es el Día de Andalucía. El día de mi tierra. De la tierra de mi historia, donde nacieron mis padres, mis abuelos y mis hijos. Donde quiero seguir viviendo. Debería lucir una sonrisa de oreja a oreja y el mejor de mis semblantes. Incluso, por las esquinas debería estar tarareando el himno de Andalucía. Pero, desgraciadamente, no tengo nada que celebrar.

No puedo celebrar que Andalucía siga siendo la tierra de España con más paro. Ni tampoco me voy aponer de fiesta cuando observo que a la clase dirigente de esta tierra, la misma que hay desde que tengo uso de razón política parece darle igual. Total, han conseguido una Andalucía de señoritos sin cortijo pero manejando las manijas del poder. Justo lo que no queríamos años antes de que esta tierra tuviera un día de fiesta.

Me pueden pedir un esfuerzo, pero me cuesta mucho trabajo solemnizar un día como festivo de mi tierra, cuando en mi tierra hay cientos y cientos de niños que estudian en colegios de hojalata, mientras que el gobierno que lo permite subvenciona películas sobre la igualdad de género en Marruecos o envía suculentas subvenciones a no se sabe muy bien para qué a determinados países de América del Sur.

Menos mal que todavía hay profesores con ganas de enseñar. Gracias a ellos Andalucía se salva de estar en el más profundo subdesarrollo educativo de la orbe mundial, con la terrible aquiescencia de los gobernantes andaluces, más preocupados por otras cosas mucho menos importantes y ciertamente banales. Por ejemplo, fabricar el pegamento que una para siempre los destinos del PSOE y el poder político en Andalucía.

No me hace la menor gracia que el tontito o graciosillo de las películas y series firmadas y filmadas por la progresía cultural española siga siendo el andaluz. Sólo falta que nuestros gobernantes aplaudan en una nueva demostración de su falta de dignidad personal y política. Dicho lo cual, proclamo que los andaluces somos dignos, pese a sus indignos dirigentes.

Tenemos gobernantes que sacan pecho por la sanidad pública. Pero los que nos hemos convertidos en clientes preferentes de hospitales – como quien esto firma – sabemos que los servicios de salud funcionan por la profesionalidad del personal sanitario, cuyo nivel de compromiso deja a la altura del betún el que demuestran nuestros dirigentes con mando en plaza. Profesionales mal pagados, mal dirigidos y, sobre todo, mal considerados por la propia Administración andaluza.

No salgo de mi perplejidad cuando escucho a estos gobernantes decir que Andalucía ha avanzado mucho desde que tiene un día de celebración. Faltaría más. España es, en su conjunto, el cuarto país del mundo que más ha crecido económica y socialmente en los últimos cuarenta años. En buena medida, gracias a la Unión Europea y a los millones de euros que han enviado para el progreso de esta tierra. Luego, el mérito no es de los que se cubren con la bandera blanca y verde, la misma que tiene siglos de historia, pero que ignoran.

Dicen esos mismos gobernantes que la cultura andaluza es más fuerte y está más arraigada que nunca. Claro está, habría que preguntarse qué es la cultura andaluza. Yo estoy convenido que es mucho más que flamenco, sevillanas, coplas o carnavales, como se empeña Canal Sur. Cultura andaluza es muchísimo más que los estereotipos, que maldita sea la gracia que hacen por ahí fuera. Y por aquí dentro.

Los andaluces no nos pasamos el día de tablao en tablao, ni tocando la guitarra, ni mucho menos disfrazados. Insisto. Ni nos pasamos el día durmiendo, ni en la barra del bar, ni mucho menos haciendo el vago. Por si algún gobernante no se ha enterado aún.

Se empeñan en seguir celebrando el Día de Andalucía, cuando, desgraciadamente, la mayoría de los jóvenes – y no tan jóvenes – no saben quién es Blas Infante. Es más, apuesto que casi ningún gobernante andaluz jamás ha leído alguna de sus obras. Por ejemplo, el ‘Ideal Andaluz’. ¿Saben nuestros jóvenes qué es la Junta de Andalucía y para qué sirve? Aunque para formular esta última pregunta deberíamos estar convencidos de que la Junta tiene utilidad, que a buen seguro alguna tendrá.

Me encantaría celebrar el día de Andalucía. Pero no me dejan oportunidad. Ni me entran ganas. Es como estar en un duelo y al mismo tiempo animar a los dolientes a contar unos chistes, a tocar unas palmas por sevillanas o entonar una coplilla. No obstante, me gustaría en años venideros poder salir cada 28 de febrero a la calle y festejar Andalucía. Sólo depende de los andaluces.